EL VERDADERO PAPEL DE CHÁVEZ

Escrito por:

Camarada Domingo Alberto Rangel
Militante Insurgente

Si no existiera Hugo Chávez habría que inventarlo, así podrían decir en el Departamento de Estado. Nunca ha sido tal útil para el imperio norteamericano un mandatario de la América Latina como lo está siendo Hugo Chávez en este momento. El problema cardinal del imperialismo hoy en el continente no es Cuba, tampoco la rivalidad que pueda asomar el naciente imperialismo brasileño. El problema que acorta o perturba el sueño de los estrategas del pentágono y de los politólogos del US STATES DEPARTMENT es la guerrilla colombiana. Entre el río grande del Norte y el Cabo de Hornos no se vislumbra ningún otro proceso o situación que altere los ánimos y entristezca la vista de los dirigentes yanquis como no sea la empecinada guerrilla, que desde hace mas de medio siglo dispara balas en el costado de las cordilleras colombianas. El orden interno en Colombia ha apelado, frente a la guerrilla, sucesivos y tenebrosos atentados, ha hecho vomitar contra ella desde los cielos el fuego exterminador, ha comisionado a los curas más trabucadores para que la condene con el lenguaje flamígero de las proclamas inspiradas en los Papas más retrógrados, mas la guerrilla sigue resistiendo.

Marcando virajes inauditos el orden colombiano ha cambiado el látigo por la zanahoria, estrenando o alternando la sonrisa con el insulto. Tampoco esos reacomodos del lenguaje y del comportamiento han surtido el más mínimo efecto. La guerrilla sigue allí, trepada en el contrafuerte de las cordilleras o agazapada en los horizontes y límites de las llanuras. Tampoco ha evitado el procedimiento de someter a la guerrilla a un prolongado período de mimos, manoseos y caricias políticas para ir domando el natural agreste de sus dirigentes. Meses de elogios interesados, de lisonjas cortesanas y de loas premeditadas pudieron ablandar el ánimo hasta el presente afilado de los comandantes guerrilleros. Pero apareció Hugo Chávez y nadie como él está hecho, casi de manera expresa, para tal tarea. Ante todo, el jefe del Estado venezolano ha demostrado, desde sus inicios como golpista, que carece de principios. Luego, está ligado o es manejado por un grupo militar fascista —decir militar fascista es casi una expresión pleonástica— y, esgrimiendo un tercer argumento, el régimen venezolano vive un momento de intensa crisis y podría evitar su derrota prestando el inmenso servicio al imperialismo que significaría la desmovilización de la guerrilla colombiana. Un dirigente como Hugo Chávez que se ha construido una leyenda de caudillo popular antiyanqui es ideal para sugerirle a la guerrilla la ruta de las negociaciones que conduzcan a su dispersión. Eso no lo podría hacer hoy sino el comandante venezolano. Ningún otro jefe político latinoamericano tiene, no sólo en los medios guerrilleros, también en el ámbito más vasto de la opinión popular, la autoridad indispensable para que su palabra dirigida a los guerrilleros sea acatada, así sea con reservas o salvedades.

Estados Unidos necesita pacificar de manera categórica su retaguardia continental el backyard de Teodoro Roosevelt— para afrontar los problemas que empiezan a suscitarse. El relevo del general Stanley McChrystal, como comandante en jefe de las fuerzas expedicionarias norteamericanas y europeas en Afganistán, revela la magnitud de la crisis militar que la resistencia afgana, empecinada y astuta al mismo tiempo, viene suscitando en aquella región. El alto mando militar estadounidense resolvió evacuar Irak, no por razones humanitarias como invocó el Pentágono en el comunicado que explica la decisión. Busca tal medida trasladar fuerzas militares de Irak, donde la resistencia no es tan extensa y batalladora, a Afganistán donde resisten al ocupante internacional los talibanes que ya se han adueñado de la admiración de los pueblos asiáticos. Pero en Irak, no habían terminado de salir los destacamentos norteamericanos señalados para evacuar ese país, cuando se produjo uno de los atentados más sangrientos de los últimos años. Los gobernantes árabes tipo Gadafi, Bouteflika o Hassan están muy desprestigiados lo cual deja el campo libre para la actuación, con pocas restricciones derivadas de la presunta competencia que hagan los grupos del campo moderado o conservador. En esta hora de auroras radiantes para quienes se inicien en la lucha es también de crepúsculos bochornosos para quienes en el mundo árabe permitieron que el envejecimiento les adormeciera el alma.

En América Latina el imperio norteamericano necesita mantener situaciones de extrema quietud. El papel de Chávez se hace evidente cuando se razona con estos de alcance mundial.

Si la América Latina viviera un período de extrema agitación o de conflictos armados, el imperialismo yanqui y sus socios internacionales vivirían la incertidumbre del que no tiene futuro. La cordillera de Los Andes, según “The Nation” está viendo un resurgir de las luchas guerrilleras en Perú, donde Sendero Luminoso parece haber restaurado su frente de combate en el Departamento de Ayacucho. En Paraguay el Frente Popular Paraguayo de Liberación ha hecho varias incursiones en la vasta región del Chaco Boreal. El rol de Hugo Chávez, como ficha del imperio, tiende a magnificarse a la luz de este panorama. Chávez sigue teniendo autoridad y prestigio como para contener y mantener el acatamiento al orden o evitar que las masas venezolanas se desborden. Es un “asset” fundamental para el sistema imperial en América Latina. Chávez siempre jugó el papel de adormecedor o prestidigitador de masas. Adormecer a las mayorías cumpliendo el doble rol, en apariencia contradictorio, ser el agitador que moviliza y encabrita, pero luego disuade del uso de la fuerza insurgente que podrían desplegar aquellas masas incitadas por él mismo. Chávez siempre fue, desde que lo sedujo Luis Miquilena una ficha del orden sobre el cual cayó un grupo militar de evidente raigambre fascista. Invadir, molestar o acorralar a la Venezuela de Chávez sería lo último que haría Estados Unidos. El imperialismo comete a ratos estupideces, pero no es tan ciego como para no ver el servicio que presta el presidente venezolano para mantener en quietud a la masa de su país. Sin eso y dadas las crecientes dificultades que confronta el imperio en Asia, los días del imperialismo estarían contados.

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Publicado el 17 septiembre, 2010 en General, Politica y Comunismo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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