El Camino de las Mujeres en su Lucha por la Autonomía

Mujeres Fuerza y Razón

Mujeres insurgentes 3

El Camino de las Mujeres en su Lucha por la Autonomía

Xmal ton

Mujeres Insurgentes 2

Hablan Jueces que condenan
y políticos que mienten
conversos que se arrepienten
carceleros que encadenan
locutores que enajenan
para que algo se desfonde.
Como antes el rey o el conde
habla quien órdenes da
¿Y nuestra voz dónde está?
¿Y nuestra palabra dónde?
–Guillermo Velázquez B.
Juglar de fiesta y quebranto
mujeres insurgentes 1
Por eso estamos llamando a toda la Sexta para que hagan reuniones de pensamientos, de análisis, de teoría, de cómo ven su mundo, su lucha, su historia. Los llamamos para que hagan sus propios semilleros y nos compartan lo que ahí siembren. —Subcomandante Insurgente Moisés  El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista, I
Durante un tiempo, me pregunté muchas veces: “¿Dónde está el lugar de nosotras, las mujeres indígenas que viven en la ciudad? ¿Dónde ha quedado nuestra palabra, nuestra voz?” Desterradas, desplazadas, violentadas, negadas.
Al escuchar la historia, la memoria, la lucha y la voz de nuestras hermanas zapatistas, el corazón se enciende, duele y se abre como una herida ancestral que llevamos dentro; que no sana; que se vuelve un gran dolor, rabia; que nos da el valor de salir de la oscuridad. Es así, desde la raíz de estas voces que compartimos, que decidimos hablar y compartir ese dolor, pero también esa fuerza, esa lucha y esperanza de vida que hay en las mujeres: fundamentalmente, de las zapatistas, pero también de las indígenas que, no siendo zapatistas, han luchado igualmente contra la opresión, la explotación y el olvido. Queremos decir que no queremos un mandón y explotador.
Sólo para reafirmar esta historia, que se ha tejido desde hace años, traigo la palabra de la Comandanta Miriam, su participación en el semillero zapatista sobre pensamiento crítico: “Desde la llegada de los conquistadores, sufrimos la triste situación de las mujeres. Nos despojaron nuestras tierras, nos quitaron nuestra lengua, nuestra cultura. Es así donde entró la dominación del caciquismo, [los] terratenientes; entra la triple explotación, humillación, discriminación, marginación, maltrato, desigualdad”.
Y también la palabra de mi madre:
Los hombres aprendieron unas costumbres muy malas, como robar mujeres, golpearlas, violarlas o venderlas. Muchos hombres tuvieron muchas mujeres y dejaron a sus hijos regados por ahí. A la madre de tu abuelo le mataron a su hombre en la guerra y ella no pudo recuperarse del dolor y sufrimiento; trató de buscar otro hombre, pero este hombre no quería a tu abuelo. Por eso, tu abuelo tuvo que escapar, para que no lo mataran: vivió huérfano de madre y padre, creció con otra familia.
Estas historias que se entretejen ocurrieron hace aproximadamente 200 años; pero, aunque parece que ya pasó mucho tiempo, aún vivimos todavía con algunas de esas malas costumbres que nos hacen ser violentadas. Muchas mujeres siguen siendo vendidas, maltratadas o violadas, ya sea por el patrón o por sus propias familias.
Los padres de tu abuela murieron jóvenes, [decía mi madre]; tu abuela fue a vivir con sus tíos y fue violada por su propio tío. También, secuestrada para ser violada; ésa era la mala costumbre: los hombres podían robar a las mujeres. Mi madre luchó y se escapó de su violador. Al encontrar a tu abuelo, sucedió que no pudo vivir con él, porque no soportó las exigencias y el trabajo pesado que le imponía. Se le murieron muchos hijos; sólo le sobreviví yo, pero tuvo que dejarme con tu abuelo, para que no me muriera.
Y, la Comandanta Miriam: “Sufrimos la triple explotación de la mujer, porque tiene que estar a las tres o cuatro de la mañana en la cocina, dependiendo [de] cuántas horas lleva ir a trabajar en el trabajadero de los hombres. Tienen que levantarse temprano para hacer pozol, el café, el desayuno del hombre”.
Nuestra historia es muy larga, no entraría en un libro, [solía decir mi madre cuando aún vivía]. Cuando era niña, los hombres llegaban a pedirme, pero yo les tenía que pegar para que entendieran que yo no los quería. Mi abuelo aceptó darme a un hombre, cuando creciera, pero yo me escapé a la ciudad con el hombre que yo elegí. Escapamos porque, las que me cuidaban, eran mis mayores, eran autoridad de la comunidad y no estaban de acuerdo [con] mi elección. En la ciudad, fui a trabajar en casa de un patrón; no me pagaba, [pero] tenía que trabajar para que me dejara vivir [allí] con mis hijos. Y, a mi hombre, se lo llevaron a trabajar a la finca; ahí aprendió a beber y a golpearme. Cuando lo corrí, ya tenía dos de sus hijos. Entonces estuve con tu papá; me embarazó, pero no vivió conmigo. Él tenía muchas mujeres. Yo no sabía leer, ni escribir; sufrí mucho para salir adelante. Decidí estar sola y salir adelante y cuidarlos a ustedes.
Con estas voces, sabemos del dolor y sufrimiento que vivieron nuestras madres y abuelas. Todo esto —la dominación, el racismo, la discriminación, el maltrato, la marginación y el machismo, impuesto también a los hombres—, viene de un sistema de opresión: nos despojaron de lo que éramos, de nuestra cultura.
Esta pequeña madeja de Historia es un grito, un llamado: principalmente, a los hombres, a aquéllos que se han negado, negándonos como mujeres. La historia de cada mujer, en distintos territorios, con distintas formas, con otras lenguas, ha sido y sigue siendo una batalla por ganar.
Gracias a nuestras bisabuelas, abuelas y madres zapatistas y no zapatistas, que abrieron el camino para que nosotras brotáramos y creciéramos con esa rebeldía y lucha en nuestros corazones; así, con ese ejemplo de vida y lucha, entendemos que somos fruto y semilla para el futuro de nuestros pueblos y comunidades. Cada una, desde su hogar, desde su trabajo —como bien lo dicen nuestras hermanas zapatistas—, sabemos que falta organizarnos, para que algún día también podamos decir como ellas:
Nosotras ya tenemos la libertad y el derecho como mujeres de opinar, de discutir, analizar, no como antes […] Nosotras como mujeres ya estamos participando en cualquier tipo de trabajo, como salud, de ultrasonido, laboratorio, papanicolau, colposcopia, odontología, enfermería; también [en] tres áreas que son: partera, huesera y plantas medicinales […] Por eso no vamos a dejar de organizarnos como mujeres en este sistema capitalista, porque hay todavía tristeza, dolor, encarcelamiento, violación, así como las madres de los 43 desaparecidos (Comandanta Rosalinda, “La lucha como mujeres zapatistas que somos, II”, El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista
La palabra de las mujeres jóvenes, que ahora pertenecen a la tercera generación de mujeres zapatistas, nos enseña que, siendo fruto y semillas, tenemos que sembrar en nuestras hijas e hijos para cosechar algo diferente. En esta lucha diaria por nuestra libertad y nuestro respeto como mujeres, hay que enseñarles las herramientas necesarias para que puedan hacerse valer y respetar, y que no vivan lo que vivimos antes:
Nosotras, como jóvenes zapatistas, estamos enfrentando la guerra de baja intensidad que nos hace el mal gobierno […]
Nosotros como zapatistas somos pobres, pero ricos en pensar. ¿Por qué? Porque, aunque [nos] ponemos los zapatos y la ropa, los celulares, no cambia nuestra idea, ni nuestra costumbre de vivir; porque a nosotros como jóvenes zapatistas no nos importa cómo estemos vestidos, o cómo sean nuestras cosas que usamos. Lo importante es que los trabajos que hacemos [son] para el bien del pueblo (Lisbeth, base de apoyo).
También falta decir que, las mujeres indígenas que vivimos en la ciudad, seguimos viviendo el mismo tipo de machismo que una compañera de la ciudad ha vivido, y que comparte a través de la voz del Subcomandante Insurgente Galeano, en su Visión de los vencidos. La voz de esta compañera es también nuestra voz, porque ese mismo patrón nos quieren imponer a nosotras cuando vivimos en la ciudad, o cuando vamos a ella:
Ustedes [los hombres] son como un cazador esquizofrénico. Creen que la ciudad es un coto de caza y que las mujeres somos como animales idiotas que hacemos todo lo posible para convertirnos en blancos fáciles. Cualquier cazador sabe que no es así. Pero los varones machistizados son tan imbéciles que piensan, no sólo que las mujeres somos una presa a cobrar (así se dice en el argot de los cazadores), sino que además somos una pieza que hace todo lo posible por ser descubierta y ponerse en la mira de la bala o del semen.
Estas voces, rostros de historias y luchas nos reafirman que nuestra voz está de este lado de la historia, de las mujeres fuertes que luchan y resisten ante la Gran Hidra Capitalista. Gracias a su valor en esta batalla, tienen voz; nosotras nos unimos a ellas para seguir tejiendo, poco a poco, otra forma de relacionarnos entre hombres y mujeres: un mundo en el que no haya mandones ni explotadores.
Tomado de La revista digital Praxis en América Latina Numero 6 de enero-febrero 2016, pagina 6

Cuando Una Mujer Comunista Avanza……..

Ningún Hombre Retrocede

El Fascista Huye

El Reformista Cede

Consigna de Insurgencia Comunista elaborada de manera colectiva entre hombres y mujeres insurgentes en el año 2013, hoy es emblema de lucha de los equipos de trabajo múltiples de nuestra organización
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Acerca de vozinsurgente

Comunismo, Organización, Lucha de Clases, Marxismo, Dialéctica, Militancia, Humanidad, Ecología, Antipatriarcado,

Publicado el 24 febrero, 2016 en General, Politica y Comunismo y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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